martes, 12 de septiembre de 2017

Un perro andaluz

El ojo de Buñuel es mi sonrisa.

El ojo de Buñuel es mi sonrisa:
cortada de través
parece un imposible espejo oscuro.
Maldito en sus entrañas,
un rostro exasperado oculta esferas
fluidas de relojes dalinianos.
Aquella edad de oro se extinguió y
crepita de dolor al invocarla.

El ojo de Buñuel es mi sonrisa:
no avisa,
destroza manecillas con un giro
de 180 grados,
y mientras, yo, subsisto asintiendo en el temblor de la navaja
que llora por los óxidos de antaño
que nunca ya sacudiremos.

El ojo de Buñuel es mi sonrisa
sator arepo tenet opera rotas
siempre hay un mejor viento que el de cara,
un mejor puerto en la distancia.
Las calles sin farolas
protegen mis pisadas del gentío,
centellas arbitrarias de mi angustia.

No existo.
Vosotros lo sabíais.

El ojo de Buñuel es mi navaja
y mis manos
Lorca.
Traedme mi pistola.
Me duele el esfenoides de miraros,
el lóbulo frontal de hacer
silencios en la niebla.
Las nubes estremecen
la aurora polvorienta de la luna
que rompe las ventanas de los coches,
y con sus restos cortaré ojos clínicos,
beberé las lágrimas que nunca derramásteis.

El ojo de Buñuel es una puerta:
cortada de través
parece un imposible espejo oscuro
que cruzan mis palabras,
que devuelve un rencor verde y grotesco.
Me miro en la mirada
que dejan mis miserias en su cuadro.
Traedme mi pistola.
No puedes vivir para contarlo.

Mis ojos de Buñuel, puestos a mano
garra a garra sobre el amor perdido
que arranca nervios ópticos
inerva la maldad reconvertida
en clavos de mercurio
que escriben trece estigmas como versos.

Hospital Universitario Fundación Alcorcón,
12 de septiembre de 2017, 09:23

viernes, 25 de agosto de 2017

Itsasoaren agurra (Despedida del mar)

Euskadi,
verdad revelada en verdor infinito,
quimera azulada de invierno
del plomo del viento que abraza
caminos de arena con brazos y lágrimas,
barcos sin rumbo,
sin velas.

Euskadi,
ardiente mirada del mar, incesante
de ondinas que emergen como sables
al paso de los viejos pescadores.
Las redes, incorruptas,
en la roca.

Euskadi,
eterno hogar añil de las gaviotas
que vuelven a tu piedra primigenia
buscando otra verdad,
la llama incuestionable del recuerdo
que evocan tus montañas,

montañas
partidas hoy por coches y viaductos,
clavados en acero y avaricia
los límites quebrados de tus fábricas;
tu noble atardecer, cruelmente ahumado
por la mano del hombre.
En el valle de Trápaga,
las obras de la A-8 ya habían sido
cantadas por Homero.
Las negras grúas esconden las estrellas
del puente de Bizkaia.

Ya aquí no quedan águilas,
Euskadi.
               (La cola de turistas japoneses
es uno de los pocos
objetos que se ven desde el espacio.)

Los leones de Bilbao rugen callados
al borde de la ría.
                               Finalmente
la catedral estalla:
recorre el kalimotxo cuesta abajo
las Zazpikaleak,
y llegan los de siempre a reventar
el júbilo del resto,
asciende la marea, viene la Ertzaintza,
se elevan las botellas y las porras,
que si tú has dicho gora Euskal Herria
que si yo he dicho Euskadi askatasuna
(que he dicho eskerrik asko,
gilipollas)
paseando un chino por Sabino Arana
se llevó una hostia de regalo
(si apenas habla castellano, pobre chico)
gritos de independentzia y otros versos
euskéricos que ignoro por completo.

Un cristo.

En fin,
que quede claro:
                                 Euskadi
es más que una bandera
o un problema.
Euskadi es un vergel pintado a mano
que miran de perfil los Pirineos,
que acunan y bautizan con su nieve
los viejos caseríos.
Euskadi es el cayado
de todos los pastores de Idiazábal,
el primer txakoli de un buen viaje;

Euskadi,
roca cálida,
ya añoro tus campanas escondidas
entre higueras y el océano pedregoso.
Y este último recuerdo,
encubierto de blancura sobre el cielo
desnudo de un vuelo de Lufthansa
regala a mis sentidos
tus últimas palabras como bertzos
que invaden mis neuronas
y velan hasta un próximo reencuentro.



Vuelo LH1825 Bilbao-München-Hannover
Flughafen München, 25 de agosto de 2017, 14:38h




miércoles, 26 de julio de 2017

Después

Yo sé, porque he vivido, y he soñado
y he besado y he descrito
de tu piel los acertijos,
imbatible temblor, la noche en vela.

Yo sé, porque en la estancia en la que habitan
los dos ángeles y el tiempo
recitan tus caricias como versos
estas sábanas que, incólume, abandonas.

Y en mi cuerpo trazaré cada ausencia
como trazan los forenses
en la escena del crimen a los muertos.

Y del polvo brotará una palabra,
la ceniza enamorada
de quien siempre esperó la primavera.

viernes, 14 de julio de 2017

Mi voluntad

Vous envierez un peu l'éternel estivant
(...) qui passe sa mort en vacances

Georges Brassens


El día menos pensado
aquel pistoletazo de salida
será un tiro en la nuca.
Vivir para morir. Y recorremos
caminos anfractuosos de ignorancia
creyendo el infinito,
                             abandonando
el trémulo final, gentil descanso.

Bajo estos juncos
enterrad mis palabras y mis huesos.
Que reviva mi carne
donde los hombres sonrían al tiempo
y dejen de matarse.

Traedme unas flores
que huelan poco a cadmio y mucho a ausencia.
El ataúd cerrado.
Que nadie describa mis cenizas.

Interceded por mí ante el Dios Santísimo,
que yo me apeo del burro y de la cruz
con su crucifcado.
Amé al dios de Descartes, caballeros:
entre cumulonimbos
ajustaré mis cuentas con San Pedro.

Yo he visto
salir del cuerpo el alma en un quirófano,
oír susurrar, sutil, su leve ulular lejano
a un viejo cirujano
de aliento frío, de manos temblorosas.

Si os encontráis mi espectro
tocando el bombardino en un refugio
secreto de lechuzas y misterios,
danzad con los Elementales,
que el vino y la ambrosía sacien la angustia de la muerte.
¡Bebed, vivid en mi memoria!

viernes, 19 de mayo de 2017

El desayuno

El desayuno
es la meditación de los obreros.
La calle está sembrada de faroles de asfalto,
de un acre y torrefacto sinsabor,
tumulto indecoroso, y un cigarro
que ondea su niebla amarga en el portal.

El desayuno
es el cadalso del insomnio,
es el Marie Brizard en la mesilla de noche
macilenta de amor,
tratando de lavar el indeleble
recuerdo de la ausencia.

Detrás del por favor y las botellas
Osvaldo escribe un cuento, una tragedia,
prepara unos cafés,
observa atentamente los pájaros y el tráfico.
Se pasa la mañana recordando
noticias de Managua:
rebusca viudos rostros de la guerra.
La vida le reserva otros abrojos.
Y esconde la ginebra tras los párpados,
pues cada amanecer es un abismo.

Y es que los soles mueren
también en este lado de la barra.
Quizás estés pensando:
Yo voy a la oficina cada viernes
a levantar España.
Pero no cuesta nada despedirte
con tu mejor sonrisa,
dar gracias a tu dios (o al universo)
por este nuevo día que escribes hoy,
por este desayuno
y por Osvaldo
porque hoy es el final de tu presente,

por no desintegrar
la mínima verdad de esta mañana
inquieta, misteriosa...




Café Van Gogh, Madrid.
19 de mayo de 2017, ca. 11:15 h