martes, 17 de octubre de 2017

Nossos ossos

Amor,
poente sofrente do vento,
furacão de luar e sentimento.

Verão passageiro, direito ardor
fechado entre as miradas das árvores
no muito tópico Alentejo,
fervente oscilação das roxas pedras do outono.

É amor, mas só amor cálcico,
disseram-me uns olhos de ausência
ainda não preparados para o seu branco repouso,
cristã tão branca...

Évora,
lembrança dos mortos,
custódia das angústias.
Não te esqueças dos servos amados!

Algum dia sê — ô eu sê! — que os nossos ossos
serão a indiscutível relação das estruturas
infinitas numa pedra que foi viva!

E quando tudo tenha concluído,
quando as trompas tenham anunciado finais e terramotos,
nossos ossos, elos permanecerão.
E ossos serão, sim, mas ossos namorados!


17 de octubre de 2017

domingo, 24 de septiembre de 2017

Y diez

Tu nombre,
tierra feliz que entre blancas cortinas
dejaste,
tu dulce pelo acariciando la guadaña
palabras susurrantes de morfina.

Aquella madrugada
tuvimos que inventarnos la tormenta,
alzar nuestra mortaja,
romper nuestras palabras de ceniza.

Pero nos enseñaste
que hay un lugar infinito
donde los ataúdes son transparentes.

A veces me recuerdo
cerrándote los ojos, ya cansados
de la guerra y el luto.

Si el cielo no existe,
que te traigan de vuelta a los paisajes
de marzo cacereño.

Las ranas y los peces rememoran
tus vestidos de flores y tus rizos
cuando eras joven y un vergel Peraleda,
el viento del Gualija esculpiendo
los ecos del ladrillo.

Ahora soy médico
y llevo a otros abuelos de la mano;
en cada uno, tu risa
                     tu llanto,
                     tus palabras,
                     tus años.

                                      Tu ausencia.

Leganés, 7 de julio de 2017
(completado el 24 de septiembre de 2017) 

martes, 12 de septiembre de 2017

Un perro andaluz

El ojo de Buñuel es mi sonrisa.

El ojo de Buñuel es mi sonrisa:
cortada de través
parece un imposible espejo oscuro.
Maldito en sus entrañas,
un rostro exasperado oculta esferas
fluidas de relojes dalinianos.
Aquella edad de oro se extinguió y
crepita de dolor al invocarla.

El ojo de Buñuel es mi sonrisa:
no avisa,
destroza manecillas con un giro
de 180 grados,
y mientras, yo, subsisto asintiendo en el temblor de la navaja
que llora por los óxidos de antaño
que nunca ya sacudiremos.

El ojo de Buñuel es mi sonrisa
sator arepo tenet opera rotas
siempre hay un mejor viento que el de cara,
un mejor puerto en la distancia.
Las calles sin farolas
protegen mis pisadas del gentío,
centellas arbitrarias de mi angustia.

No existo.
Vosotros lo sabíais.

El ojo de Buñuel es mi navaja
y mis manos
Lorca.
Traedme mi pistola.
Me duele el esfenoides de miraros,
el lóbulo frontal de hacer
silencios en la niebla.
Las nubes estremecen
la aurora polvorienta de la luna
que rompe las ventanas de los coches,
y con sus restos cortaré ojos clínicos,
beberé las lágrimas que nunca derramásteis.

El ojo de Buñuel es una puerta:
cortada de través
parece un imposible espejo oscuro
que cruzan mis palabras,
que devuelve un rencor verde y grotesco.
Me miro en la mirada
que dejan mis miserias en su cuadro.
Traedme mi pistola.
No puedes vivir para contarlo.

Mis ojos de Buñuel, puestos a mano
garra a garra sobre el amor perdido
que arranca nervios ópticos
inerva la maldad reconvertida
en clavos de mercurio
que escriben trece estigmas como versos.

Hospital Universitario Fundación Alcorcón,
12 de septiembre de 2017, 09:23

viernes, 25 de agosto de 2017

Itsasoaren agurra (Despedida del mar)

Euskadi,
verdad revelada en verdor infinito,
quimera azulada de invierno
del plomo del viento que abraza
caminos de arena con brazos y lágrimas,
barcos sin rumbo,
sin velas.

Euskadi,
ardiente mirada del mar, incesante
de ondinas que emergen como sables
al paso de los viejos pescadores.
Las redes, incorruptas,
en la roca.

Euskadi,
eterno hogar añil de las gaviotas
que vuelven a tu piedra primigenia
buscando otra verdad,
la llama incuestionable del recuerdo
que evocan tus montañas,

montañas
partidas hoy por coches y viaductos,
clavados en acero y avaricia
los límites quebrados de tus fábricas;
tu noble atardecer, cruelmente ahumado
por la mano del hombre.
En el valle de Trápaga,
las obras de la A-8 ya habían sido
cantadas por Homero.
Las negras grúas esconden las estrellas
del puente de Bizkaia.

Ya aquí no quedan águilas,
Euskadi.
               (La cola de turistas japoneses
es uno de los pocos
objetos que se ven desde el espacio.)

Los leones de Bilbao rugen callados
al borde de la ría.
                               Finalmente
la catedral estalla:
recorre el kalimotxo cuesta abajo
las Zazpikaleak,
y llegan los de siempre a reventar
el júbilo del resto,
asciende la marea, viene la Ertzaintza,
se elevan las botellas y las porras,
que si tú has dicho gora Euskal Herria
que si yo he dicho Euskadi askatasuna
(que he dicho eskerrik asko,
gilipollas)
paseando un chino por Sabino Arana
se llevó una hostia de regalo
(si apenas habla castellano, pobre chico)
gritos de independentzia y otros versos
euskéricos que ignoro por completo.

Un cristo.

En fin,
que quede claro:
                                 Euskadi
es más que una bandera
o un problema.
Euskadi es un vergel pintado a mano
que miran de perfil los Pirineos,
que acunan y bautizan con su nieve
los viejos caseríos.
Euskadi es el cayado
de todos los pastores de Idiazábal,
el primer txakoli de un buen viaje;

Euskadi,
roca cálida,
ya añoro tus campanas escondidas
entre higueras y el océano pedregoso.
Y este último recuerdo,
encubierto de blancura sobre el cielo
desnudo de un vuelo de Lufthansa
regala a mis sentidos
tus últimas palabras como bertzos
que invaden mis neuronas
y velan hasta un próximo reencuentro.



Vuelo LH1825 Bilbao-München-Hannover
Flughafen München, 25 de agosto de 2017, 14:38h




miércoles, 26 de julio de 2017

Después

Yo sé, porque he vivido, y he soñado
y he besado y he descrito
de tu piel los acertijos,
imbatible temblor, la noche en vela.

Yo sé, porque en la estancia en la que habitan
los dos ángeles y el tiempo
recitan tus caricias como versos
estas sábanas que, incólume, abandonas.

Y en mi cuerpo trazaré cada ausencia
como trazan los forenses
en la escena del crimen a los muertos.

Y del polvo brotará una palabra,
la ceniza enamorada
de quien siempre esperó la primavera.