jueves, 14 de junio de 2018

Siempre este mar

para Laura, con cariño

Siempre este mar
callado.
La luz, grávido espasmo, espera
su crepitar salado;
por qué es azul tu pálpito,
por qué se
va escondiendo en cada aurora.

Siempre este mar
soñado.
Como en la noche las estrellas,
también se van reuniendo los abrazos
que constelando verdades
nos siguen tan cercanos desde lejos.
Como en el mar las figuras
deformadas del sueño y la ceniza
blanca como un sol egipcio, esbelto,
recorren nuestras almas el camino
como cometas al cielo
en baile infinito, y este aroma
que tornasola la ausencia
al fenestrar la mañana.

Siempre este mar
esperanza.
Tú dices despertar, yo cojo un taxi,
el tren, el patinete,
y acercarás el sueño dormido en el Eterno,
noche pálida de viernes
afán por describir
siempre este mar,
íntima pluma,
ingenio de cariño en el oasis de tu música.


Hospital Universitario Fundación Alcorcón.
Jueves 14 de junio de 2018, 15:31h

martes, 29 de mayo de 2018

Last call

El busca es un relámpago en la noche.
Un código,
y yo con estos pelos
(menos Abi
que siempre va estupenda a todas partes).

En Boxes son las tres de la mañana.
En Boxes sólo hay penumbra infinita,
fantasmas que se ubican y se escapan.
En Boxes se firman las sentencias
de muerte de los hombres.
La Observación ejecuta,
y, en Críticos, tan sólo
sepultureros del fracaso.

Joder, qué ganas tengo de triarme.
Y vienen. Y llaman. Y piden.

(Mi amor es veraniega flecha.
Mi amor es tan lejana
criptomnesia...)

Confirmas que eres otro
si piensas que el espejo está abollado
y tú eres quien lleva los golpes puestos.
Llegado un punto
(que pueden ser las seis de la mañana)
ignoras tu alma exangüe
te aferras a tu mnesis, "yo soy joven
y médico, tengo un trabajo digno".
Pero ya eres algo menos que un escombro,
un yermo subproducto del sistema.

Yo no he dejado escrito
que el tiempo, con su arena,
corra
también para nosotros
Yo no he dejado escrito
que el viento arrugue el polvo de las hojas
blancas del calendario.
Yo no he dejado escrito
que quiera marchitarme poco a poco.

Soles de noche ciegan
miradas que, vacías,
recorren los pasillos de la Urgencia,
y que nadie recoge.

¿Y tú me lo preguntas?
Una guardia
es un dispensador de martillazos.

domingo, 22 de abril de 2018

Primo vere

Para los días de viento,
para ti floreceré naranjos
con hojas de libélula.
Despertarán su ausencia,
su polvo de crisálida,
cristal impertinente,
fugar de la memoria,
vibrar del vidrio verde,
verdejo, voluntad
de vespertinas aguas.
Te rozará la piel
el aliento emplumado
del luminoso fénix
mientras la diminuta corte de elementales
explora tus caminos
entre los bosques rubefactos del deseo,
desnuda en aquel prado,
Reina, Artemisa blanca
verás trocar los arcos por caricias,
harás sentir tu flecha como besos.
Las flores de este abril serán tu velo,
tan púrpura de abrigo y de verdad
que anhelo en cada viento que respiro,
un mítico tesoro entremezclado con los tréboles,
providencial colina,
sonrisas esparcidas como frutos.

martes, 17 de abril de 2018

España

in memoriam Miguel de Unamuno


Y yo, ¿qué habré yo de hacer
para ser médico y joven,
para ser poeta, palabra
viva de mis vocaciones?
¿Quién eres, ardor inmenso
que aúnas imaginaciones,
tristezas, viento de un pueblo
que miró crecer las flores
mientras se matan hermanos,
tiran bombas los aviones
y Unamuno eleva al sol
sus últimos estertores?
Pues este pueblo español
obrero de vanidades,
disgusto de la vanguardia
de los intelectuales,
alaba y se vanagloria
de infinitas necedades,
del bienestar egoísta,
del faltar de libertades.
¡Nunca vivirá la muerte,
salvo en sórdidos lugares
en los que voces de mando
resuenen en los metales
y peces de antiguo plomo
atraviesen los bancales
mientras asesinan a estos
pobres rojos, criminales
del cultivo de la vid,
de sembrar los cereales,
de nutrir a los ejércitos
que pasean por arenales
de Tetuán y de Melilla
rugiendo sus versos árabes
de venganza nacional,
de soflamas militares
que condenarán a España
como no se ha visto antes!
Mi España, patria olvidada
de incultura formidable,
tierra de troveros muertos,
de maniqueos indomables.
Siglos ha se puso el sol
que sale por Baleares.
Por la lejana Orihuela
tus cabras, Miguel Hernández.
Y por Gabriel y Galán
viene a meterse por Cáceres,
el Hierro y Finisterre,
puntas de lanza insondables
que hacen de Portugal
hermano lejano, amable.
¡Tan inmensas tus mañanas
y tan perdidos tu dones!
cuando la noche del alma
consumió tus ambiciones.
Del Imperio sólo quedan
angustias, contradicciones.
España, tierra tan firme,
derribada, agreste, insomne.

Y yo, ¿qué habré yo de hacer
para ser médico y viejo,
para acrecer mis principios,
para vencer el tormento
de vivir en esta tierra,
España de carceleros,
España de analfabetos,
las panderetas al cielo,
España de los ladrones
y de políticos necios?
Cuando se muera el poeta
recordadlo con los peces,
que sólo con el cantar
la libertad se sostiene.
Donde la brisa y el mar
toda maldad disuelven,
donde termina tu tierra,
España de mis quereres,
¡oh tierra de Federico,
donde tiemblan los claveles
recordando la Granada
de los cantares infieles!
Vigiladnos esta España
que con furor se defiende
de la razón y el sosiego,
en la que el viento detiene
la lucha de buenos hombres,
la voz de azada y de plebe.

martes, 10 de abril de 2018

Guardia

dedicado a los nuevos residentes del Hospital de Alcorcón

Para escribir una guardia
hay que mirar los relojes
cambiantes como palabras,
hay que gustar el silencio
de las ruedas de miradas,
la percusión infinita
de la brisa lenta, trágica
del pasar de los enfermos,
del temblor de los pijamas.

Entre bosques de goteros,
su soledad no descansa
los estertores de acero
del viejo espejo de nácar.
Los dibujos de los nietos
pueblan paredes que aferran
como aliento los enfermos,
como flores las guadañas.
Puertas que corren, que cortan
las cenizas enredadas
de los fénix de la Urgencia
que tal vez no resuciten
y sean sólo eso: ceniza,
frío donde habitó el verano,
hierática, negra efigie
despoblada de verdad,
sólo un egregor exangüe...

En realidad,
para escribir una guardia
tienes que ver morir
a tus amigos de niño
postrados en una cama.
En esas noches del alma
caerán, acribillados, tus felices
recuerdos de otro tiempo
en que tu vocación,
tu pasión desde la infancia,
era jugar a los médicos
con un fonendo de plástico,
con bisturís recortables
y el maletín del abuelo.
Esto ya no es un juego:
ejercer la Medicina
es doblar la espalda a diario
mirando con dulzura,
tragarte tu arrogancia,
tu puesto MIR, tu expediente.

Porque
verás, ese moribundo
que desfallece en la silla,
eso, es un ser humano,
y tú, hijo, su última esperanza.

Amigo,
viniste prevenido.