El cielo es un lugar
negro y sombrío.
Los ángeles traen polvo
y la trombosis,
sueño.
Se rompe la palabra en el cerrar
y en la midriasis.
Qué tristes y arreactivas las caricias,
qué trémulo silencio,
qué hiriente el monitor, cuan ruin la ausencia
en el letargo derramada.
¿Qué noche será aquélla
para mí? ¿Cuándo será,
reloj callado, el frío holocausto?
El hombre en coma es uno
con la almohada:
no hay tiento que deslumbre sus pupilas.
Deja de respirar, pero no quiere:
su pobre neuroquímica hará el resto
y trocará
la cama por el roble,
la luz por terciopelo
y su último suspiro en esta guardia
será tan verdadero
como su gran periplo
en esta vida fue certero.
La tierra,
el puente, sean ligeros,
y el sueño sea infinito y luminoso.
sábado, 17 de noviembre de 2018
lunes, 5 de noviembre de 2018
De puro blanco
De puro blanco la elegancia es vana:
un entramado, un hormiguero en seda,
gentil, discreto que, al partir, hospeda
la niebla furibunda, piedra arcana;
granito sobre mármol la mañana
sombría, sin corazón, cuando remeda
la tierra en la que escribe la moneda
el trágico destino en cada cana.
La puerta no es de hierro, es un ingenio
parcialmente marchito del que fuera
hospicio derramado por la historia.
Me entierra ahora este mármol primigenio,
tan fondo del abismo y tan de hoguera,
tan bosque de la ciencia y la memoria.
Hospital Puerta de Hierro Majadahonda,
5 de noviembre de 2018, 07:40
un entramado, un hormiguero en seda,
gentil, discreto que, al partir, hospeda
la niebla furibunda, piedra arcana;
granito sobre mármol la mañana
sombría, sin corazón, cuando remeda
la tierra en la que escribe la moneda
el trágico destino en cada cana.
La puerta no es de hierro, es un ingenio
parcialmente marchito del que fuera
hospicio derramado por la historia.
Me entierra ahora este mármol primigenio,
tan fondo del abismo y tan de hoguera,
tan bosque de la ciencia y la memoria.
Hospital Puerta de Hierro Majadahonda,
5 de noviembre de 2018, 07:40
martes, 23 de octubre de 2018
Habanera
Respirar
tan sólo
con un batir de alas,
una
mirada cada vez más
lejana
en el
cristal
de tu noche,
el suave acento añil
del paso de una
mariposa
(extático elixir, hexágonos
exangües, como un
axioma inexplorado),
un éxtasis tan cierto como llueven
las espinas sobre el cuerpo.
Triste, lejana es la mirada
violeta del puerto,
un misterioso despertar
recorre el corazón.
Para las noches de invierno
yo escojo este lugar,
para las almas que anhelan la penumbra
para no regresar.
Para el recuerdo escojo
la tarde sin mañana,
la nieve sin pasión.
Para tus ojos sueño,
inquietas, las palabras
que vuelvan a extraviarme,
que escojan mi destino,
que escriban tu canción.
tan sólo
con un batir de alas,
una
mirada cada vez más
lejana
en el
cristal
de tu noche,
el suave acento añil
del paso de una
mariposa
(extático elixir, hexágonos
exangües, como un
axioma inexplorado),
un éxtasis tan cierto como llueven
las espinas sobre el cuerpo.
Triste, lejana es la mirada
violeta del puerto,
un misterioso despertar
recorre el corazón.
Para las noches de invierno
yo escojo este lugar,
para las almas que anhelan la penumbra
para no regresar.
Para el recuerdo escojo
la tarde sin mañana,
la nieve sin pasión.
Para tus ojos sueño,
inquietas, las palabras
que vuelvan a extraviarme,
que escojan mi destino,
que escriban tu canción.
lunes, 15 de octubre de 2018
La fase cuatro de Kübler Ross. Segunda parte
Qué puede ser más cierto que tu acierto,
qué puede más verdad que tu verdad,
qué puede ser tu pluma en mi silencio:
es música cortante, es viento, azar,
es ánimo deshecho a medianoche,
es canto y es letargo, es suspirar
después de cada tarde en el espejo:
la mano que te sana, ¿matará?
En el rencor, un verso en la pared:
"Tenemos que inventarnos la locura.",
y un pájaro de lengua lo rompió,
sus restos, anegados por las lágrimas,
encima del cuaderno morirán.
Entonces dijo el cuervo: nunca más.
qué puede más verdad que tu verdad,
qué puede ser tu pluma en mi silencio:
es música cortante, es viento, azar,
es ánimo deshecho a medianoche,
es canto y es letargo, es suspirar
después de cada tarde en el espejo:
la mano que te sana, ¿matará?
En el rencor, un verso en la pared:
"Tenemos que inventarnos la locura.",
y un pájaro de lengua lo rompió,
sus restos, anegados por las lágrimas,
encima del cuaderno morirán.
Entonces dijo el cuervo: nunca más.
La fase cuatro de Kübler Ross. Primera parte
Yo nunca fui silencio
ni fui olvido.
Aquella tarde,
y era octubre
también, como nosotros,
cuando me despedí
sentía que había coherencia,
¡oh dios, qué grande era
poder decir este árbol
y que hubiera un manzano,
poder decir no vuelvas
y que nunca volvieras...!
Pero es que ya no quiero:
¡aburre el verbo
tan siempre infinitivo
e imperante!
¡Aburre la verdad
tan despojada
de epítetos hermosos,
de ironía,
de juegos de palabras
y de amor!
Yo habré podido
estar muy loco por tu luz,
por tu mirada
y por tu cuerpo.
Sabes
(porque te lo dije)
que en mí habitan los
sueños, ánimos, misterios:
nuestra casa
quizás tan Dinamarca como nunca,
la música, remedio
de nuestra soledad...
Ahora
tan sólo hay unas ramas de secano
en un campo vacío
de esperanzas.
Ahora,
fracasadas,
contemplo sus terribles epitafios.
Ni siquiera hay flores.
El día que abandonamos la inocencia
y vino el texto
a darme en la cara con sus letras
se acabó,
murió una parte,
¡qué grandes éramos entonces!
Nunca eres amor
cuando viene el notario.
Carmen.
¿Por qué perdimos la locura?
ni fui olvido.
Aquella tarde,
y era octubre
también, como nosotros,
cuando me despedí
sentía que había coherencia,
¡oh dios, qué grande era
poder decir este árbol
y que hubiera un manzano,
poder decir no vuelvas
y que nunca volvieras...!
Pero es que ya no quiero:
¡aburre el verbo
tan siempre infinitivo
e imperante!
¡Aburre la verdad
tan despojada
de epítetos hermosos,
de ironía,
de juegos de palabras
y de amor!
Yo habré podido
estar muy loco por tu luz,
por tu mirada
y por tu cuerpo.
Sabes
(porque te lo dije)
que en mí habitan los
sueños, ánimos, misterios:
nuestra casa
quizás tan Dinamarca como nunca,
la música, remedio
de nuestra soledad...
Ahora
tan sólo hay unas ramas de secano
en un campo vacío
de esperanzas.
Ahora,
fracasadas,
contemplo sus terribles epitafios.
Ni siquiera hay flores.
El día que abandonamos la inocencia
y vino el texto
a darme en la cara con sus letras
se acabó,
murió una parte,
¡qué grandes éramos entonces!
Nunca eres amor
cuando viene el notario.
Carmen.
¿Por qué perdimos la locura?
Leganés, 15 de octubre de 2018, 00:48h
Suscribirse a:
Entradas (Atom)