El mar.
Sólo la mar.
El dulce, espeso ruido.
Acertijos, libélulas.
Y una canción
bajo los infinitos robles
y el frío que acuna
el lento itinerar del lago.
El mar.
Solo, tan solo
sonido, peces, brisa
turquesa en desarrollo.
Las tardes de verano
emanan vuestro prístino oleaje
de atardecer disuelto en vuestras aguas,
instinto de flor temprana
que, al aire de las flautas del Vltáva,
a orillas del Korana fue invocada.
¿El mar?
El ulular de nuestro tiempo aguas abajo,
las cataratas del ser:
el salto
y el abismo
de perderte.
Plitvička jezera (Republika Hrvatska),
29 de junio de 2019
domingo, 30 de junio de 2019
viernes, 28 de junio de 2019
Krka
Sólo los peces saben
adónde mirarán mis ojos ciegos.
En el valle del Krka
el espacio curvado por espejos de tocador
y la rendija inquieta
por la que el niño mira a sus hermanas
cuando es noche cerrada
y aprehende aquellas formas misteriosas.
Sólo mis huellas saben
dónde se esconde el deseo.
Yo sé lo que no he visto.
Quién sabe dónde acaban los triángulos
y dónde empieza todo,
y dónde se construyen las figuras
de cuerpos sin retorno a los que entrego
mi alma y mis tormentos
por una noche más,
por un descubrimiento en cada cueva,
por un atardecer en unos labios,
un canto, una sirena en cada puerto.
Su música intercepta mis sudores
y oscurecen las sombras
del hombre que fui ayer
y que ahora se recorre hacia el abismo.
Y quién sabe qué día
seré de nuevo un niño entre las flores
que mira de reojo enamorado
el cuerpo de su niña en la cascada
en el valle del Krka
para jugar con ella (nada más)
mirar qué bien le queda el bañador
de la tienda de al lado,
para adorar sus ojos como perlas jaspeadas
mientras su cuerpo explica
con ramas y con sangre recorrida
la carne de verdad,
la realidad que espera entre la ropa,
mientras dice su nombre
y espera en el hoyuelo de los pinos
en el valle del Krka
en su rincón secreto, para esperar sonámbulo
a que todos los años se abran paso
y volverá su niña,
providencial sirena,
un verano entre los pétalos del tiempo
y mientras el agua fresca
recorra cada curva de su cuerpo
y deje algunas gotas de rocío
en el valle del Krka de sus pechos
para explorar a ciegas
con la única mirada de los labios.
En el valle del Krka,
bajo aquella cascada
las vidas que se encuentran.
En el valle del Krka,
los primeros amores descansan en la hierba.
Parque Nacional de Krka (Republika Hrvatska),
28 de junio de 2019, 15:36
adónde mirarán mis ojos ciegos.
En el valle del Krka
el espacio curvado por espejos de tocador
y la rendija inquieta
por la que el niño mira a sus hermanas
cuando es noche cerrada
y aprehende aquellas formas misteriosas.
Sólo mis huellas saben
dónde se esconde el deseo.
Yo sé lo que no he visto.
Quién sabe dónde acaban los triángulos
y dónde empieza todo,
y dónde se construyen las figuras
de cuerpos sin retorno a los que entrego
mi alma y mis tormentos
por una noche más,
por un descubrimiento en cada cueva,
por un atardecer en unos labios,
un canto, una sirena en cada puerto.
Su música intercepta mis sudores
y oscurecen las sombras
del hombre que fui ayer
y que ahora se recorre hacia el abismo.
Y quién sabe qué día
seré de nuevo un niño entre las flores
que mira de reojo enamorado
el cuerpo de su niña en la cascada
en el valle del Krka
para jugar con ella (nada más)
mirar qué bien le queda el bañador
de la tienda de al lado,
para adorar sus ojos como perlas jaspeadas
mientras su cuerpo explica
con ramas y con sangre recorrida
la carne de verdad,
la realidad que espera entre la ropa,
mientras dice su nombre
y espera en el hoyuelo de los pinos
en el valle del Krka
en su rincón secreto, para esperar sonámbulo
a que todos los años se abran paso
y volverá su niña,
providencial sirena,
un verano entre los pétalos del tiempo
y mientras el agua fresca
recorra cada curva de su cuerpo
y deje algunas gotas de rocío
en el valle del Krka de sus pechos
para explorar a ciegas
con la única mirada de los labios.
En el valle del Krka,
bajo aquella cascada
las vidas que se encuentran.
En el valle del Krka,
los primeros amores descansan en la hierba.
Parque Nacional de Krka (Republika Hrvatska),
28 de junio de 2019, 15:36
jueves, 27 de junio de 2019
Murallas
El beso del salitre
Las indefensas proas.
Mordientes transatlánticos.
Y un emigrar extraño el de los pájaros
como en los cuadros de Monet
cuando empieza la lluvia.
Mientras se rompen los océanos
se encoge el mar antiguo
y sus ruinas,
sus torres, sus murallas
serán pasto del tiempo que nos quede.
Mientras los robles sueñan
y mientras los amantes
barajan sus instantes, su final
tan cerca de las rocas
nutridas por sus lágrimas,
mientras esperan en la playa su solsticio
rebuscan en las piedras del camino
para ponerse un nombre y un recuerdo,
para curar su tiempo:
marea, calor y abrazos sobre el agua.
En los tejados dálmatas
la soledad espera
con un ramo de mirlos que flanquean
los campanarios rotos
y las estatuas pálidas
y el claustro sumergido y derrotado.
Contemplarán
cómo resiste una sonrisa
donde las islas mueren
y recortan las lanchas el Adriático,
cómo la sal de vuestros ojos
tan solo nutrirá vuestras murallas,
pero saldréis al mar
y lucharéis,
floreceréis de nuevo,
renacerá una tempestad de golondrinas
que cantarán sus versos monosílabos
mientras se escribe vuestro amor en vuestras manos
con plumas de gaviota,
con tinta de verano y sol invicto.
Las indefensas proas.
Mordientes transatlánticos.
Y un emigrar extraño el de los pájaros
como en los cuadros de Monet
cuando empieza la lluvia.
Mientras se rompen los océanos
se encoge el mar antiguo
y sus ruinas,
sus torres, sus murallas
serán pasto del tiempo que nos quede.
Mientras los robles sueñan
y mientras los amantes
barajan sus instantes, su final
tan cerca de las rocas
nutridas por sus lágrimas,
mientras esperan en la playa su solsticio
rebuscan en las piedras del camino
para ponerse un nombre y un recuerdo,
para curar su tiempo:
marea, calor y abrazos sobre el agua.
En los tejados dálmatas
la soledad espera
con un ramo de mirlos que flanquean
los campanarios rotos
y las estatuas pálidas
y el claustro sumergido y derrotado.
Contemplarán
cómo resiste una sonrisa
donde las islas mueren
y recortan las lanchas el Adriático,
cómo la sal de vuestros ojos
tan solo nutrirá vuestras murallas,
pero saldréis al mar
y lucharéis,
floreceréis de nuevo,
renacerá una tempestad de golondrinas
que cantarán sus versos monosílabos
mientras se escribe vuestro amor en vuestras manos
con plumas de gaviota,
con tinta de verano y sol invicto.
Dubrovnik-Split (Republika Hrvatska)
26-27 de junio de 2019
miércoles, 5 de junio de 2019
Apoptosis
ils s'apercevront, émus, que c'est au hasard des rues sur un d'ces fameux bancs
qu'ils ont vécu le meilleur morceau de leur amour.
Georges Brassens
Mientras no somos,qu'ils ont vécu le meilleur morceau de leur amour.
Georges Brassens
la tarde no atardece como antes.
Como las viejas células que aceptan su final
y como el linfocito que mata por tu bien,
debemos dibujar nuestra interfase
esa que
a veces
sólo a veces gran amor
será
nuestra única salida.
Será el aterrizaje de emergencia:
volver a lo que fuimos sin haber podido ser,
cerrar los ojos mucho y despertar
cuando es de noche y sin embargo
tú me cogías la mano
y todo eran tus flores de miradas
Curioso testamento el de los céspedes
que conocimos al tacto.
(Los pliegues de las sábanas
que quedarán marcados
pronto los suplirás en otros tálamos.)
No dejes de soñar, libera el alma
de grises de tormenta
y reconforta
lo que no pude darte
para que seas feliz
allá donde el Eterno te depare.
No renuncio a mis versos:
serás mi compañera de viaje.
Pero es que es el viaje el que ha cambiado.
Dos rectas paralelas no vuelven a cortarse
pero hay una certeza: que el amor
sabe curvar el tiempo y el espacio
si lo pensamos fuerte
y si nuestros abrazos como puentes
se vuelven a encontrar.
En mi última no-lágrima,
un mal jisei no ku vuela sincero
mientras murmura el alma,
algún día,
algún lugar,
de alguna manera,
pronto
y siempre.
lunes, 15 de abril de 2019
Fósforo
a Pilar Ruiz,
por la guardia más bonita que recuerdo
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma
la vida
quizás es sólo un fósforo
que nos encienden
sin pedir permiso
a ratos
lo ves brillar y es blanco,
como una mariposa
que trae buenas noticias
a veces
querrías que consumiera la madera
deprisa y sin mirar
y abajo reposa
la ceniza absurda,
el polvo que fuiste
y el que no echaste,
la sangre que escuece
como la piel al fuego,
ahora lenta y tan
desperdiciada
pero hay un día
en que te parte un rayo
y en el Doce no hay camas
y el SUMMA te regala un viaje gratis
porque son casi todos gilipollas
y tal vez vas al Clínico
y no cumples criterios
y no se meten porque Et al. y los legajos
y se ha muerto la abuela del radiólogo de guardia
y es que fumó mucho, señora,
y que el último mal, señor
a veces
querrías soplar un poco más
en su cerilla mohína,
acariciar su frente unos segundos,
meterle la morfina en el salino
total si ya no sufre
que no es tu padre,
pero algún día será alguien a quien amas,
y lo amas igualmente mientras cargas
los treinta miligramos
y le cierras los ojos con un gesto,
con un evolutivo
que informe de un pronóstico ominoso
a veces viene el cura
se te ocurre
a veces no descansas en la cama
a veces todo tiembla y el teléfono
suspira
pero es tu obligación,
y cierras la esclusa de las lágrimas
y vuelves a tu sitio
y continúas tu guardia.
la vida es eso
que se escapa entre los dedos
de una abuelita con afasia
cuando no puede más,
cuando cansan los ojos, duele el pecho
de tanto haber vivido.
a veces es el rayo; otras,
calvario sin final.
me alegro de que al menos
ahora el midazolam venga en ampollas
de cincuenta.
dormir es el destino de los cuerpos.
descansen por lo menos.
Hospital Universitario Fundación Alcorcón
Lunes 15 de abril de 2019, 00:22h
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