Podemos avanzar en las miradas con sigilo,
podemos esconder en tu sonrisa una verdad,
podemos recordar las rosas de hace un año,
podemos olvidar la bruma en el portal.
Podemos ignorar la angustia si hace frío,
podemos sosegar las voces para amar,
tenemos que cerrar los ojos al silencio,
queremos inventarnos otro caminar.
Si cada eternidad fuera un abismo,
si todos los abrigos fueran brazos
si el tiempo hallara al tiempo y lo bailara,
entonces cada abrazo sería fuego,
y todas las angustias, un ridículo
baluarte que se esfuma con tus besos.
martes, 27 de febrero de 2018
jueves, 28 de diciembre de 2017
La última luna
La otra noche
jugaba a pensar
que no estabas aquí,
es difícil,
tu piel tan cálida
hormiguea
susurros nocturnos
y al caer la lluvia
viniste a mí,
esa tarde
más bien
no había lluvia
y sí
un banco mojado
de lágrimas de otros que,
como nosotros,
también lo intentaron
y no
fue
jugar a ser Dios,
como tú,
Diosa del cielo,
que transforma este invierno voraz
volviendo flores
los bloques de hielo
yo, blandiendo una triste guitarra,
rasgo unas cuerdas
no más de dos o tres,
que más no me atrevo
y me hago un nudo,
un escudo
de sombra gris,
para así
cuando no estés conmigo
decirte que sí,
que tú eres mi mundo
y yo estoy en tu mundo
por ti,
por sonrisas ya antiguas
pero no marchitas,
que con pétalos de almendro
revivió la ceniza
una vez, y otra vez;
y podrán despertarnos de noche, a porrazos
contra la puerta del Sol,
que mi Luna descansa en mis brazos
para darme calor
Tenerife fue nuestro
lo creé para hacer
nuestro nido
y la arena nos llueve a montones
y te abrazo,
y el mundo es nuestro también
cuando te miro.
Qué me importa la lluvia,
preciosa,
si eres tan hermosa
cubierta de rocío
y tu pelo,
un inmenso océano
donde navegar
hasta quedarme dormido,
hasta que tú quieras...
Y despierto en la cama
en mi eterna agonía:
no estás,
y la lluvia
dentro de mí
se escapa también.
Tan mayor, y jugando a princesas:
esas, no volverán;
pero ella volverá un día
para no irse jamás.
Hasta entonces, tejo
y destejo
unos versos
que dan igual:
los oculto en mi escudo
de cuerdas
para no verlos más.
Y la noche que vuelvas a verme,
la última luna,
darás luz y cobijo a este pobre agujero
que yace en las tardes de invierno
en una cárcel de hogar
al que no pertenece.
Que el nido era nuestro,
qué duda cabe.
Que traeremos las ramas aquí.
Nunca se sabe.
jugaba a pensar
que no estabas aquí,
es difícil,
tu piel tan cálida
hormiguea
susurros nocturnos
y al caer la lluvia
viniste a mí,
esa tarde
más bien
no había lluvia
y sí
un banco mojado
de lágrimas de otros que,
como nosotros,
también lo intentaron
y no
fue
jugar a ser Dios,
como tú,
Diosa del cielo,
que transforma este invierno voraz
volviendo flores
los bloques de hielo
yo, blandiendo una triste guitarra,
rasgo unas cuerdas
no más de dos o tres,
que más no me atrevo
y me hago un nudo,
un escudo
de sombra gris,
para así
cuando no estés conmigo
decirte que sí,
que tú eres mi mundo
y yo estoy en tu mundo
por ti,
por sonrisas ya antiguas
pero no marchitas,
que con pétalos de almendro
revivió la ceniza
una vez, y otra vez;
y podrán despertarnos de noche, a porrazos
contra la puerta del Sol,
que mi Luna descansa en mis brazos
para darme calor
Tenerife fue nuestro
lo creé para hacer
nuestro nido
y la arena nos llueve a montones
y te abrazo,
y el mundo es nuestro también
cuando te miro.
Qué me importa la lluvia,
preciosa,
si eres tan hermosa
cubierta de rocío
y tu pelo,
un inmenso océano
donde navegar
hasta quedarme dormido,
hasta que tú quieras...
Y despierto en la cama
en mi eterna agonía:
no estás,
y la lluvia
dentro de mí
se escapa también.
Tan mayor, y jugando a princesas:
esas, no volverán;
pero ella volverá un día
para no irse jamás.
Hasta entonces, tejo
y destejo
unos versos
que dan igual:
los oculto en mi escudo
de cuerdas
para no verlos más.
Y la noche que vuelvas a verme,
la última luna,
darás luz y cobijo a este pobre agujero
que yace en las tardes de invierno
en una cárcel de hogar
al que no pertenece.
Que el nido era nuestro,
qué duda cabe.
Que traeremos las ramas aquí.
Nunca se sabe.
Leganés, 28 de diciembre de 2017, 00:30
miércoles, 27 de diciembre de 2017
El metro de Nueva York
El metro de Nueva York,
¡qué escándalo
el metro de Nueva York!
Tres latas atadas a latas,
unas latas
llenas de sardinas
y de ejecutivos,
salmones con traje y corbata y con mil predicciones.
Mirarán a la nueva empleada
sus ojos marrones
y dulces
como el mejor café.
Mirarán esa falda de tubo,
algo breve, tal vez, para tanto ardor;
esas piernas, medidas de diosa;
esas medias, ni un carril.
Es que es un boceto de porcelana,
tan frágil como cortante.
También, por qué no,
mirarán a una pila de informes
y de memorandos,
a muchos aviones, de vivos colores
y un solo papel
que invaden cubículos como las setas
rozando cabellos, llenando ascensores.
Y así se contentan los pobres salmones
con ojos saltones
goteando su vida mirando
cómo pasan las calles
y las estaciones.
El metro de Nueva York,
mind the gap!,
en el metro de Nueva York
la miseria introduce su garra
entre coche y andén,
y rompe el saco
y un violín
que dejó en la barra de un bar
un solista israelí
que huyó a Cisjordania
o a Ucrania,
se fue por ahí,
me lo dijo un borracho.
Ya soy dueño del puente de Brooklyn,
me dijo un poeta sin techo
que se llamaba Luis.
El silencio de un broker
pende de un hilo
telefónico.
Él querría haber comprado un ranchito
lejos de Queens
para criar caballos
y tocar el banjo
feliz, con sus hijos.
Mas la vida fue eso, la vida,
la vida fue así.
Y claro que sí,
el silencio de un broker
me cuenta
que el puente de Brooklyn
también puede ser así.
Y a un metro del metro
aletea un pájaro
( ¡relámpago! )
se fue
por ahí.
Y es un túnel exiguo,
nada apenas, un frenesí,
y un niño llora
y dos negros del Bronx que hacen pasos de break
del susto se caen patas abajo,
otra vez será.
Llegando hacia Canal Street
me recibe una banda de jazz,
son buenos, muchas gracias,
Me piden dinero.
No tengo.
Feliz Navidad.
El sueño americano sería que un día
el metro de Nueva York se esfumara,
y cada uno en su casa.
Pero el metro de Nueva York
va siempre con su ruido a alguna parte,
y siempre más deprisa que nosotros.
¡qué escándalo
el metro de Nueva York!
Tres latas atadas a latas,
unas latas
llenas de sardinas
y de ejecutivos,
salmones con traje y corbata y con mil predicciones.
Mirarán a la nueva empleada
sus ojos marrones
y dulces
como el mejor café.
Mirarán esa falda de tubo,
algo breve, tal vez, para tanto ardor;
esas piernas, medidas de diosa;
esas medias, ni un carril.
Es que es un boceto de porcelana,
tan frágil como cortante.
También, por qué no,
mirarán a una pila de informes
y de memorandos,
a muchos aviones, de vivos colores
y un solo papel
que invaden cubículos como las setas
rozando cabellos, llenando ascensores.
Y así se contentan los pobres salmones
con ojos saltones
goteando su vida mirando
cómo pasan las calles
y las estaciones.
El metro de Nueva York,
mind the gap!,
en el metro de Nueva York
la miseria introduce su garra
entre coche y andén,
y rompe el saco
y un violín
que dejó en la barra de un bar
un solista israelí
que huyó a Cisjordania
o a Ucrania,
se fue por ahí,
me lo dijo un borracho.
Ya soy dueño del puente de Brooklyn,
me dijo un poeta sin techo
que se llamaba Luis.
El silencio de un broker
pende de un hilo
telefónico.
Él querría haber comprado un ranchito
lejos de Queens
para criar caballos
y tocar el banjo
feliz, con sus hijos.
Mas la vida fue eso, la vida,
la vida fue así.
Y claro que sí,
el silencio de un broker
me cuenta
que el puente de Brooklyn
también puede ser así.
Y a un metro del metro
aletea un pájaro
( ¡relámpago! )
se fue
por ahí.
Y es un túnel exiguo,
nada apenas, un frenesí,
y un niño llora
y dos negros del Bronx que hacen pasos de break
del susto se caen patas abajo,
otra vez será.
Llegando hacia Canal Street
me recibe una banda de jazz,
son buenos, muchas gracias,
Me piden dinero.
No tengo.
Feliz Navidad.
El sueño americano sería que un día
el metro de Nueva York se esfumara,
y cada uno en su casa.
Pero el metro de Nueva York
va siempre con su ruido a alguna parte,
y siempre más deprisa que nosotros.
lunes, 27 de noviembre de 2017
Joia i glòria sense fi
Quan cau la nit
el mar deixa pas a la llum
el vent desperta la teua pell
fins a tornar-la vidriosa i pura.
Quan caiga la nit
i la lluna, llunyana, acaricie
una ombra en la platja,
mirareu al mar una altra vegada
buscant el fil daurat del record davall l’arena
que somia un nou estiu
de sospirs càlids i blancs…
Quan esclate l’alba en la vostra finestra,
quan sentiu l’aire en el vostre pèl,
quan brollen les palmeres al vostre pas,
quan podeu cridar als núvols: Estamos vius,
contempleu les nostres miradas de amor
darrere dels reflexos del far.
Mireu-los, vegeu com s’encenen
les flames púrpures de l’estiu,
deixeu-les volar per la Mediterrània,
que tots els hiverns sàpien
que cap foscor podrà venceros!
I és llavors quan s’obrarà el final miracle
afrodisíac paradís este per a vosaltres
i regnarà l’alegria, la joia, la glòria sense fi
arravatament de felicitat,
la joventut eterna
que haureu conquistat
per sempre!
el mar deixa pas a la llum
el vent desperta la teua pell
fins a tornar-la vidriosa i pura.
Quan caiga la nit
i la lluna, llunyana, acaricie
una ombra en la platja,
mirareu al mar una altra vegada
buscant el fil daurat del record davall l’arena
que somia un nou estiu
de sospirs càlids i blancs…
Quan esclate l’alba en la vostra finestra,
quan sentiu l’aire en el vostre pèl,
quan brollen les palmeres al vostre pas,
quan podeu cridar als núvols: Estamos vius,
contempleu les nostres miradas de amor
darrere dels reflexos del far.
Mireu-los, vegeu com s’encenen
les flames púrpures de l’estiu,
deixeu-les volar per la Mediterrània,
que tots els hiverns sàpien
que cap foscor podrà venceros!
I és llavors quan s’obrarà el final miracle
afrodisíac paradís este per a vosaltres
i regnarà l’alegria, la joia, la glòria sense fi
arravatament de felicitat,
la joventut eterna
que haureu conquistat
per sempre!
Pendiente de correcciones.
Lunes 27 de noviembre de 2017, 00:45
martes, 17 de octubre de 2017
Nossos ossos
Amor,
poente sofrente do vento,
furacão de luar e sentimento.
Verão passageiro, direito ardor
fechado entre as miradas das árvores
no muito tópico Alentejo,
fervente oscilação das roxas pedras do outono.
É amor, mas só amor cálcico,
disseram-me uns olhos de ausência
ainda não preparados para o seu branco repouso,
cristã tão branca...
Évora,
lembrança dos mortos,
custódia das angústias.
Não te esqueças dos servos amados!
Algum dia sê — ô eu sê! — que os nossos ossos
serão a indiscutível relação das estruturas
infinitas numa pedra que foi viva!
E quando tudo tenha concluído,
quando as trompas tenham anunciado finais e terramotos,
nossos ossos, elos permanecerão.
E ossos serão, sim, mas ossos namorados!
17 de octubre de 2017
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