lunes, 11 de febrero de 2019

Pasajera

 a Nadie,
por esta tarde luminosa

Sabrás por la presente que las musas
aprueban tus pestañas.
     (El músico cambiar de las palabras
                  altera la ternura del silencio.)

No, no lo intentes:
no tuerzas el gentil, perlado gesto,
esto no es un desafío.

Tu aurora es contemplar el mar, océano
que esconde una pupila inquieta como
rémora de canción,
tu sueño es el insomnio de quien traza
como el taquígrafo antiguo en el suelo
tres briznas amarillas de belleza.

Que azul puede llegar a ser el ruido
del Metro cuando esconde
el tímido mirar, certera lanza,
del viento de pureza que respiras
y que, ¡oh tú, diosa generosa!,
concedes en espíritu al que busca
de ti la eternidad en este lunes
cualquiera
que es muerte breve, efímera y tan cierta.

No sabes lo que miro
y, al pasar,
recorre una sonrisa en el invierno
tu calma, tus caderas
(las reglas de tu juego, heraldos de otra guerra),
tu pulcra gabardina que es desierto
por hoy
              para dejar abandonados
pesares ignorables,
anhelos tan volubles, tan agujas
que marcan, giran, sueñan los relojes
callados como espigas:
insólito, discreto, filiforme
manantial de sombra.

Otras locuras dictan
las formas, los colores,
las normas de la carne siempre inciertas,
y eres
dorada inflorescencia en este día
tan gris, tan como siempre.

Y rezo a un dios ausente
por tal vez encontrarte en otros versos,
en otras estaciones, cuando la primavera
encienda el carmín rojo entre tus hojas
que ya no son ausencia ni misterio.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Accidente poético transitorio

La cantidad del verso
no es óbice: es tragedia, perorata
de agreste madrugada.
En tu vagar primario,
azul, tan silencioso como estoico,
no toparás reposo sino infamia.
Tu ingenuidad dorada,
valiente, a un tiempo precipita
las hojas de metal, taimada lluvia,
el débil escozor de la metralla
y la pausada orilla, que no es cierta.

Mas, ¿qué haremos contigo,
ruin marmórea adversidad, si tu me llamas
y en llamas mismas cercas, ya amaestrado,
mi ardor egodistónico?
Mi púrpura invasora, sopesada
en los inviernos pálidos,
se expone en la vitrina junto a un ojo
en frascos de formol fríos, ambarinos
que vagan por la cripta de un osario.

No sé creër que el fuego
será todo pureza en la malvada
palabra visionada por la Parca.
Tampoco sé creer si su justicia
será mítico trance que perdone
los años sin recuerdo consumados,
la póstuma venganza del verso
que puso una decrépita mañana
aquel viejo factótum despiadado
de atuendo inconsistente
que ilustra un propio círculo de espinas
y en ellas va a inmolarse.
Pues noble es aquel fin por el que el verso
redime a su creador,
quien, ciego de formol y de criaturas
nos vence en el espíritu, y nos ilustra
por ser tan mal que bien, por ser la ausencia
del éxodo del alma, y porque el tiempo
no es sino un almacén de ruinas muertas.

Alcorcón, 13 de diciembre de 2018,
19:31h

sábado, 1 de diciembre de 2018

Para que su silencio sea venganza

Coreico discurrir de las luciérnagas
en esta noche increíble,
translúcido cantar a medianoche
como luz de otro siglo,
inmaculada.

Madrid es un horizonte infinito
de claridad ligera y de cafés recónditos,
de amores decadentes, nubes púrpuras;
al oeste, el artificio consabido
que quien desprecia una noche
y esquiva la ilusión como una angustia.

El frío era un viejo órgano
y Scriabin un pelele:
danos fuego,
luz, música, impíos inviernos:
sabremos
ponerle nombre y sueño a cada página
de música y amor,
sabremos explorar lo inexplorado
en manos de otra hierba victoriosas,
de sol transfiguradas,
otrora por el canto redimidas.
Brilla, que la luz del Auditorio
es dulce meridiano en tu existir
con la armonía sedienta
del lento y poderoso amanecer que te contempla
para contar la historia,
para que su silencio sea venganza.


Hospital Universitario Puerta de Hierro
Majadahonda, 28 de noviembre de 2018, 08:13h

sábado, 17 de noviembre de 2018

Basilar

El cielo es un lugar
negro y sombrío.
Los ángeles traen polvo
y la trombosis,
sueño.

Se rompe la palabra en el cerrar
y en la midriasis.
Qué tristes y arreactivas las caricias,
qué trémulo silencio,
qué hiriente el monitor, cuan ruin la ausencia
en el letargo derramada.

¿Qué noche será aquélla
para mí? ¿Cuándo será,
reloj callado, el frío holocausto?
El hombre en coma es uno
con la almohada:
no hay tiento que deslumbre sus pupilas.
Deja de respirar, pero no quiere:
su pobre neuroquímica hará el resto
y trocará
la cama por el roble,
la luz por terciopelo
y su último suspiro en esta guardia
será tan verdadero
como su gran periplo
en esta vida fue certero.

La tierra,
el puente, sean ligeros,
y el sueño sea infinito y luminoso.

lunes, 5 de noviembre de 2018

De puro blanco

De puro blanco la elegancia es vana:
un entramado, un hormiguero en seda,
gentil, discreto que, al partir, hospeda
la niebla furibunda, piedra arcana;

granito sobre mármol la mañana
sombría, sin corazón, cuando remeda
la tierra en la que escribe la moneda
el trágico destino en cada cana.

La puerta no es de hierro, es un ingenio
parcialmente marchito del que fuera
hospicio derramado por la historia.

Me entierra ahora este mármol primigenio,
tan fondo del abismo y tan de hoguera,
tan bosque de la ciencia y la memoria.

Hospital Puerta de Hierro Majadahonda,
5 de noviembre de 2018, 07:40